Anécdota de un viaje a Zipolite, México y mi primera experiencia en una playa nudista.

Siempre había querido visitar una playa nudista, pero no había tenido la oportunidad. Cuando estaba viajando por México, llegué a un hostal en Mazunte, una playa chiquita llena de mochileros, con un mar azul oscuro y arena amarilla; muy tranquila y perfecta para cumplir mi misión de descansar unos días.

Conversando con la gente del hostal, me contaron de Zipolite. Era otra playa a 20 minutos en la que la gente se desnudaba sin problema. La curiosidad me asaltó y le dije a los muchachos que fuéramos; no me atrevía a llegar sola.

Así que agarramos una busetica, van o combi y nos fuimos a Zipolite. Llegamos alrededor de las 10:00 a.m y solo había un señor de unos 60 años que muy tranquilo y sin ropa miraba el mar mientras se fumaba un cigarrillo.

Los chicos se desvistieron sin pensarlo porque ya estaban acostumbrados y corrieron al mar. A mí me costaba un poco más, le daba muchas vueltas en mi mente. Mientras tanto iba llegando más gente, entre ellas 2 chicas que también se desnudaron por completo.

Casualmente, mi mamá me escribió para saludarme y cuando le conté dónde estaba solo me respondió: “entonces quítate todo tú también para que no te quedes atrás”. Ese fue el empujón que necesitaba; riéndome me fui desvistiendo mientras me acomodaba para tomar el sol.

Llegó el mediodía y los chicos del hostal se tuvieron que ir, entonces me junté a las 2 mujeres y entre risas, mar y arena nos pusimos a conversar de la vida.

Para el almuerzo decidimos ir a un hotelito que estaba cerca frente a la playa, pero pensamos que para entrar debíamos vestirnos. Fue una increíble sorpresa entrar al hotel y ver a todos los huéspedes en la piscina sin ropa, tranquilos y hasta un hombre haciéndole un masaje a su pareja. Me encantaba que nadie miraba con deseo, nadie criticaba al otro y toda la gente era en “su mundo”.

Comimos delicioso, disfrutamos de la piscina, seguimos conversando y al final del día cada quien se fue por su camino.

Fue una grata experiencia, sin contar el grupo de niños de 15 años que llegaron a observar con curiosidad y sin disimulo. Pero al estar ahí, de verdad ni me importó. Es algo que todos deberían hacer por lo menos una vez en la vida; ir a una playa nudista como Zipolite sirve para dejar los prejuicios y alimentar el amor propio.


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