Cómo me infiltré en un hotel en Playa del Carmen

Habitación Hotel Seloha en Playa del Carmen

Anécdota de un viaje por México y cómo me infiltré en un hotel en Playa del Carmen.

Anécdota de un viaje por México y cómo me infiltré en un hotel en Playa del Carmen.

Un día, sin muchos compromisos ni planes, decidí irme en un largo viaje a la playa. Iba manejando desde Ciudad de México hasta la famosa Playa del Carmen. Eran las 11:00 p.m cuando llegué. Estaba muy cansando y no sabía dónde quedarme, por lo que entré a un sitio web e hice una reserva para el primer hotel en Playa del Carmen que encontré. En los comentarios escribí que llegaría como a la media noche.

Y así fue. Cuando llegué al hotel, la puerta estaba cerrada pero la luz de la recepción estaba prendida. Toqué y toqué pero nadie abría. En eso llegaron unos huéspedes y abrieron para entrar. Me preguntaron si yo estaba hospedado y les dije que apenas haría check-in. Me contaron que ya se había ido la recepcionista, pero igual me dejaron entrar. Como yo no tenía a donde más ir, esperé para ver si alguien aparecía.

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Después de media hora de analizar la recepción, decidí hacerme check-in yo mismo. Pero estaba muy nervioso, no sabía si era ilegal hospedarme en una habitación sin consentimiento de la recepción, o si llegaría alguien y al ver las grabaciones de las cámaras me sacarían.

Así que agarré unos post-it que tenía y les dejé una nota que decía:

“Buenas noches o buenos días. Soy Erick González y tengo una reservación con ustedes con XXX número para hoy, 04 de febrero. Pido disculpas de antemano pero me haré check-in yo mismo porque no hay nadie en recepción. La reservación no es cancelable y mi pago tampoco es reembolsable, además no tengo otro lugar a donde ir y pasar la noche, ya que son casi la 1:00 am… Por su comprensión gracias, espero no generar ningún problema, ya que sé que es algo inusual, pero no mal intencionado. Dejo mi pago; si hace falta algo, en la mañana lo resolvemos. Gracias”.

Pegué los post-it, les dejé el dinero y busqué las llaves. Había como 5 o 6 llaves y no sabía si alguna ya la tenían destinada a huéspedes o si eran llaves de huéspedes que las habían dejado y llegarían más tarde, o si eran duplicados… no sabía cuál elegir.

Al final tomé la 21 porque en mi familia ese número ha sido algo representativo y de la suerte. Mis papás se conocieron un 21, se casaron un 21, nos mudamos en días 21, a casas 21, etc…

La tomé y me fui al cuarto a descansar, pero soñé que un señor me sacaba de la habitación todo enojado por haber hecho esa falta de respeto.
En la mañana, cuando desperté, bajé a recepción y expliqué mejor la situación. Me dijeron que estaban preocupados porque no sabían si aún seguía ahí y cuál llave había tomado. Resulta que por pura casualidad, la 21 era la llave de la única habitación disponible.

Después tomé mi desayuno muy tranquilo, arreglé mis cosas y seguí mi viaje. Una experiencia increíble para recordar aquel hotel en Playa del Carmen.

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