Viajar sola: así fue como lo hice por primera vez

Tenía 20 años cuando me di cuenta de que el mundo era muy grande para quedarme en un solo lugar.

Un día, mirando una revista de viajes sentada en una sala de espera con mi mamá, le hice un comentario que no esperaba tomara de esa manera. “Ma, yo me quiero ir a otro lado, conocer otras cosas, aprender otro idioma”. Mi mamá, con cara de sorprendida me preguntó que adonde me gustaría ir, y yo sin la menor idea le dije que no sabía pero que iba a empezar a buscar opciones.

Fue así como terminé yéndome de Au Pair a Estados Unidos, un famoso programa de intercambio donde cuidé los niños de una familia americana por un año. Pero en realidad este no fue un viaje completamente sola, porque allí hice amigos y contaba con una “host family” (familia anfitriona con la que vivía) que me brindaba soporte cuando lo necesitaba.

Durante ese año conocí muchas ciudades de Estados Unidos, pero siempre viajé acompañada por mis nuevas amigas. Iba llegando el momento de volver a casa y aún había un lugar que me faltaba por conocer: Boston. Decía ser una ciudad pequeña, ventosa, bonita, muy americana. Me quedaban solo dos semanas en el país y una de ellas incluía la famosa celebración Thanksgiving, festivo que me otorgaba tres días completos sin tener que trabajar.

¡Era mi oportunidad! Hablé con varias amigas para organizar el viaje pero todas sacaron una excusa: dinero, tiempo, frío, la celebración con sus familias, etc. Mi cabeza empezó a dar muchas vueltas porque realmente quería ir pero no me imaginaba viajar sola. ¿Perderme esa gran oportunidad? Realmente no sabía qué hacer. Puse las opciones en una balanza y me di cuenta que si no visitaba Boston en ese momento, probablemente nunca lo haría. Obviamente no estaba dispuesta a dejar pasar ese viaje; me armé de valor, dejé de darle vueltas, compré mis tiquetes y busqué por horas un hostal sencillo en el que pudiera compartir con más personas.

Llegué una fría madrugada a Boston con mi pequeña mochila y muchas expectativas. La ciudad estaba vacía por la celebración; la mayoría de la gente se había ido a otras ciudades y muchos de los lugares turísticos estaban cerrados. Pero no le di importancia, solo tenía 3 días e iba a aprovecharlos como fuera.

En el hostal hice un amigo brasileño con el que salí a recorrer esa noche, y para festejar, los dueños del lugar hicieron una cena especial tradicional americana para todos los huéspedes. Fue una experiencia increíble, cálida, mi primera oportunidad de abrir los ojos ante el mundo y todas sus posibilidades.

Hoy, luego de más de 8 años, agradezco la valentía que tuve de haber agarrado mis cosas e irme sola a esta hermosa ciudad. Después de eso he tenido las agallas para viajar sola mucho más lejos: a Brasil, Panamá, Argentina, Chile… los viajes y las aventuras continúan y nunca me he arrepentido de ninguno. Si tienes la oportunidad de viajar sola, no lo pienses y hazlo. Pocas veces se presentan estos momentos y solo depende de uno mismo si tomarlos o dejarlos pasar. Si necesitas un empujón más, aquí te dejo algunos consejos para dejar el miedo a viajar sola.

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