Volcán Barú: la experiencia que me llevó a mis límites

Anécdota de la única vez que me atreví a subir un volcán en Panamá.

«Estando en Panamá, a unos amigos tubieron la idea de ir hasta Boquete (en la frontera con Costa Rica) para subir el volcán Barú. Este volcán es el más alto del sur de América Central, con 3475 msnm. Vivir experiencias diferentes es lo que más me gusta de viajar, y como nunca lo había hecho, me uní al paseo.

Terminamos siendo un gran grupo y dividiéndonos según el horario en el que queríamos subir. Existen dos posibilidades: subir tarde en la noche para llegar justo antes del amanecer, o subir al mediodía. En la segunda opción se pasa la noche acampando y se ve el anochecer y el amanecer, así que elegí esa. Pensaba en tener más tiempo para admirar la naturaleza y disfrutar.

Grupo de amigos con los que subí el volcan Barú

Recuerdo que había caminar 13 kilómetros para llegar hasta la cima. El camino cambiaba constantemente, con grandes subidas y bajadas, piedras gigantes, huecos, sol, lluvia o frío. Cada uno iba con su maleta al hombro con comida, carpa y todos los elementos para acampar.

Los primeros cuatro kilómetros fueron en subida pero no fueron muy complicados. Íbamos muy bien hasta que empecé a cansarme. En el kilómetro 8 yo ya pensaba en regresarme, pero no era posible porque no hay personal de ayuda o teléfonos. Tampoco funcionaba el celular y no era buena idea caminar de vuelta sola. Agarré fuerza mental y seguí subiendo, pero en el kilómetro 10 me empecé a sentir muy mal. Ya no tenía fuerza, se me estaba haciendo eterno el camino y me empezó a costar respirar.

Le dije a los demás que se adelantaran porque no iban a alcanzar a ver el atardecer y me quedé con una amiga. Faltando un solo kilómetro, yo no podía más, no lograba hablar bien y empecé a llorar desesperada, me ahogaba. Uno de los chicos que ya había dejado sus cosas en la cima, regresó por mí y tomó mi maleta, acto que le agradeceré por siempre. Eso me ayudó un poco y sacando fuerzas de donde no tenía, logré caminar hasta el final, llegando a más de 3400 msnm.

Panorámica desde la cima del Volcán Barú

Me sentía tan mal que solo tomé dos fotos, armé mi carpa y me metí en ella. No comí y sentía que mi cabeza iba a explotar por el soroche. Pasadas unas horas y cuando mi cuerpo se estaba acostumbrando a la altura, logré salir para tener una de las panorámicas más hermosas sobre las nubes.

No me arrepiento de la experiencia, pero ahora, cuando me dicen que subamos una montaña lo pienso mil veces para no volver a pasar lo que pasé».


En tu próximo viaje, evita vivir una experiencia como esta. Conoce aquí todo lo que debes saber sobre el mal de altura o «soroche» y cómo evitarlo.

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