Sauna desnuda: una gran experiencia en Ámsterdam

Anécdota del día que un extraño me invitó a visitar un sauna desnuda.

Cuando llegué a Amsterdam en mi viaje por Europa, me quedé en casa del amigo de una amiga que por su trabajo y múltiples ocupaciones me había advertido que no tendría tiempo para salir conmigo.

Así que en mi segundo día, sin saber qué hacer, abrí el chat de la aplicación Couchsurfing, muy conocida entre viajeros de todo el mundo. Me uní a un grupo de cuatro personas (3 hombres y una chica, todos árabes) y nos encontramos en un café. La reunión no estaba tan interesante, así que uno de los chicos me dijo que tenía boletos para ir a un sauna y me preguntó si quería ir con él, a lo que obvio respondí que sí. “Pero vamos a estar desnudos, me dijo”. Yo solo me reí y le dije que fuéramos, la verdad era que no le había creído.

Agarramos nuestras bicicletas y fuimos a donde me estaba quedando por mis cosas; empaqué mi toalla y traje de baño para el sauna.  Luego llegamos al lugar, Zuiver: hotel, spa, gimnasio y sauna, increíblemente hermoso, grande y lujoso.

La reservación era de tres horas pero como llegamos tarde, solo podríamos aprovechar dos. Como todavía no creía que tenía que estar en el sauna desnuda, le pregunté a una empleada del lugar y me confirmó que sí. “¿Es tu primera vez?, no te preocupes, todos están así. Hace una semana prohibieron completamente los trajes de baño para que todos puedan sentirse cómodos”.

sauna desnuda en amsterdam
Conociendo un sauna desnuda en Ámsterdam

Así que fui al vestier, me quité la ropa y con algo de vergüenza salí envuelta en mi toalla. La alberca era como de 50 metros; una mitad techada con dos jacuzzis y otra mitad afuera con el sauna. Ahí comprobé que nadie tenía ropa y para mis adentros empecé a pensar que de verdad era un lugar genial, nadie criticaba ni se preocupaba, todos conversaban. ¡Y yo había entrado gratis!

Al final el chico y yo empezamos a coquetear y medio toquetear, pero realmente no pasó nada. Esta ha sido una de las experiencias más increíbles de mi vida y, aunque ni me acuerdo de su nombre, le agradezco el haberme llevado ahí porque me quitó un poco los prejuicios y me ayudó a cambiar mi perspectiva sobre los tapujos y el cuerpo humano.


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