Una noche durmiendo en hamaca en Barú, Cartagena

Anécdota de un viaje corto a Barú y la primera vez que dormí en hamaca

Nunca había ido a Barú, una famosa playa cerca a Cartagena reconocida por su arena blanca y agua turquesa. Muchos amigos me habían hablado maravillas del lugar, pero fue la visita de un amigo extranjero la oportunidad perfecta para darme una escapada por isla.

No teníamos mucho dinero y sabíamos que allí todo era caro, pero aun así emprendimos la marcha. Compramos un tour hasta Barú que incluía transporte ida y vuelta (al siguiente día) y el almuerzo del primer día. Llegamos temprano en la mañana de un viernes, había bastante gente y muchos isleños por todo lado intentando vendernos cosas.

La hermosa playa en Barú, Cartagena

Lo primero era conseguir un hostal para pasar la noche, y aunque los precios rondaban los 50.000 cop por pareja (no era caro), decidimos dormir en hamaca. Era mi primera vez, él ya lo había hecho antes. Las hamacas estaban en un segundo piso y yo solo podía imaginarme la maravillosa noche que iba a pasar con la brisa deliciosa espantando los zancudos. Pero la realidad es que no fue así, no hubo absolutamente nada de viento y al siguiente día me desperté llena de picaduras; aunque de incomodidad por la hamaca no sufrí en ningún momento.

Las hamacas tenían al lado un tipo de lockers o guarda equipajes en madera y ahí dejamos nuestras mochilas y las bolsas con la comida que habíamos llevado para amortiguar el gasto de dinero: enlatados, agua, frutas y algunos pasabocas. Ese día al despertar, encontramos las bolsas de snacks (papas y platanitos) con huecos. Mi amigo me preguntó si yo las había abierto y le dije que no. Luego vimos un banano comido a la mitad y mucho desorden en los cajones.

Resulta que durante la noche una rata había hecho de las suyas en todo el hostal, entrando por todos los lockers, desordenando y acabando con la comida de muchos. Pero no pusimos atención a eso y seguimos disfrutando de la hermosa playa. El almuerzo fueron los enlatados de pollo, sobre galletas de sal que conseguimos en la isla y un aguacate; nos lo querían vender en 6.000 cop, sí, seis mil pesos un simple aguacate. Con recateo y buenas palabras, terminamos pagando solo 2.000 cop.

Baño y ducha del hostal en Barú

En sí el lugar era muy austero, cero lujos. No había lavamanos, al sanitario debías echarle agua porque no había forma de vaciar; y la ducha era a punta de totumo, o jicarazo como dice mi amigo. Pero nuestro tiempo ahí fue maravilloso y sin duda repetiría la experiencia. Ver el cielo estrellado y dormir escuchando el mar, no tiene precio».

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